martes, mayo 24, 2005

Se puede morir sin que el corazón deje de latir

Pedro es carnicero. Aunque si no queremos faltar a la verdad, habría que decir que ERA carnicero, ahora ya no es nada. Tiene 56 años, lo que significa que demasiado mayor para aprender un nuevo oficio y demasiado joven para pedir la prejubilación. La única solución que le queda es malvivir de pequeños trabajos temporales hasta alcanzar la edad para prejubilarse y cobrar una miseria.

Por ¿suerte? no tiene ni esposa ni hijos, nunca los tuvo. Ni personas mayores de las que cuidar. Vive solo por lo que con la ayuda de desempleo tiene suficiente para comer y pagar facturas varias. Lo que le preocupa no es el dinero, es él tiempo. Antes se peleaba por la calidad del cargamento, hablaba con las amas de casas y aconsejaba a los maridos que venían con una nota de su mujer cuya letra no entendían. Pero ahora todo es distinto, por las mañana se queda en la cama todo el tiempo posible, hasta que su espalda no puede más y se levanta sin ganas. Tiempo de ir al servicio, una ducha rápida sin jabón (hace tiempo que se gastó) y se viste con lo mismo de ayer, antesdeayer, etc.

Es mediodía, otra vez, baja a bar de la esquina:

- ponme lo de siempre.
- no deberías comer siempre aquí, ya lo sabes.
- hasta ahora no te he fallado en el pago ¿Que más te da donde coma?
- no es eso... lo digo por tu bien. Tienes que cambiar de vida, cada día estás peor. La monotonía te está matando.
- déjame en paz. Tu me pones el queso y yo te lo pago. Los sermones déjaselos a los curas.

Pasan las horas, desde la barra del bar obserba a otros clientes entrar y salir. Los mira con detenimiento, escucha las conversaciones entre terceros, observar gestos y expresiones. Todo ello para imaginarse que están viviendo. Por pocos minutos consigue verse envuelto en la conversación. Ahora él es el protagonista de unas de esas historias, en ella tiene sueños y metas que alcanzar.

Pero por desgracia esos momentos duran poco. Ya es de noche, todos los clientes se han ido. Ya no hay sitio para él en el bar. Es hora de volver a casa. Ha pasado otro día y nada ha cambiado. Los que le conocen opinan que no está tan mal. Que sólo es un mal momento, ya se le pasará. Lo malo sería que se hubiese enganchado a la bebida, pero eso no le pasará a Pedro, porque él es fuerte.

6 Comentarios:

Blogger the wonders dijo...

Lamentablemente la historia que escribes es la manera de vivir de mucha gente y no solo la de Pedro. Lo único que les queda es un motivo para salir del hueco, una meta qe conseguir. La pena es que no todo el mundo la encuentra.
Me alegra volver a verte por aquí. Espero que no te vuelvas a perder!

9:53 AM  
Blogger equilibrio dijo...

No me perdí. Sólo estuve callado hasta que tuve algo que contar.

9:36 PM  
Anonymous Maribel dijo...

Me alegra saber de ti, aunque lo que cuentes sea triste, pero al fin y al cabo una realidad.

Un beso.

1:05 PM  
Blogger Sly dijo...

Triste regreso...triste realidad.
Espero que tengas más que contarnos pronto.

9:37 PM  
Blogger  dijo...

La monotonía, lo peor sin duda.
Un besito

5:33 PM  
Blogger Roberto Iza Valdes dijo...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

4:57 PM  

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